Hoy es un nuevo día, lolos y lolas que leen fervientemente (no exageremoooooos...) este espacio escritural-virtual. Y entre reuniones de información de egreso, lecturas para mi tesis, canciones gritadas a todo pulmón (especialmente "Just a man" de FNM) e historias familiares cómicas (ahora que mi familia ya no consta de dos personas, las historias son más recurrentes), me dedico a proseguir con el tema pseudo filosófico más tirado a auto crítico del día de ayer.
Sí, es real el creer que al momento en que conocemos una persona que nos llama la atención más allá de la superficialidad, (y con superficialidad me refiero a la armonía brazos, piernas, cara, y atributos presentes bajo el pantalón) tendemos a generar un proceso dubitativo, es decir, nos mantenemos en una línea saltando de un lado a otro diciéndonos: ¿qué tal si no soy lo suficientemente bueno? ¿qué tal si no llamo la atención como lo hacen los demás? ¿qué tal si él/ella no busca lo que yo puedo ofrecer? Y es ahí donde comenzamos a debilitar nuestra confianza auto impuesta en nosotros mismos, como aquella pelota de infancia que se comienza a desinflar de a poco y que terminas tirando a la basura por poco uso, eso pasa con nuestra autoestima. Tendemos a crear una imagen potente de nosotros mismos: "Soy inteligente, soy compasivo, soy simpático, soy alegre, soy guapo", pero al momento en que nos encontramos frente a frente con la situación de generar un vínculo social con una persona que llama nuestro interés, nos activamos, como una pseudo máquina de naturaleza ON/OFF, y comenzamos a escuchar frases con la pequeña vocecilla de nuestro sub-conciente que nos dice: "Quizás estoy malinterpretando las señales, y es mejor no acercarme", "No me está mirando a mí, la está mirando a ella", "¿Por qué debería acercarme yo? Si realmente estuviera interesado, se acercaría él/ella"... Etc. ¿Y qué ganamos después de tantos cuestionamientos personales a la hora de los quiubo? ¡ABSOLUTAMENTE NADA! No ganamos tranquilidad mental, al contrario, dos horas después estaremos recriminándonos por qué no nos acercamos y querremos volver al lugar, tampoco ganamos un acercamiento del sexo opuesto, ya que nos vieron tan dubitativos toda la noche que no comprendieron si realmente les interesabas o simplemente eres un ñoño sin carácter.
¿A qué conclusiones podemos llegar a estas alturas? Cuando conocemos a alguien que realmente nos interesa necesitamos evitar los momentos de duda, y ayudados por la garra de los amigos y del alcohol, superar nuestros miedos interiores y realizar las jugadas maestras, no importa si muestras una pechuga, hablas del disco de jazz o simplemente dices: "HOLA", la importancia radica en tener la certeza suficiente de que sea cual sea el resultado, ninguna fibra del ser que somos realmente cambiará, quizás te quedarás sin tener sexo, sin dar un beso, o simplemente sin mantener una conversación, pero seguirás siendo el mismo tipo o tipa con o sin el sexo opuesto. Partamos por desearnos nosotros mismos, si el otro no nos desea, que se joda... Por lo menos eso intentaré hoy, ustedes... ¡Ahí se ven!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario